Hola, para quien sea que esté leyendo esto o aunque nadie lo lea nunca.
Este espacio no pretende nada más que ser una forma de expresarse, una suerte de diario de vida de la era moderna para plasmar en alguna parte lo que siento, pienso, lo que me pasa con todo esto de la maternidad, por inconfesable que sea. Para evitar volverme loca y, espero, para reirme más adelante con las cosas que me preocupaban.
Dicho esto, paso al tema de hoy. No sé si es el mejor para "inaugurar" este diario, pero es lo que me da vueltas por estos días.
Título de la canción: la culpa. Culpa de qué? De no estar siempre animada a que toda mi vida gire entorno a mi hijo. De tener ganas de salir y hacer cosas que no lo involucran. De que a veces no tengo ganas de hacer cosas cotidianas como bañarlo, darle la papa o hacerlo dormir.
No se confunda, lo amo más allá de lo que nunca imaginé, aunque suene ultra cursi. Quiero que sea feliz, que jamás sienta dolor, que tenga la mejor vida posible. Si le pasara algo, yo no quiero seguir existiendo. Así de simple. Pero a veces, me gustaría seguir viendo mi serie favorita en vez de entretenerlo; preferiría seguir acostada en vez de levantarme a ver por qué llora; o que se quede hipnotizado con un juguete por largo rato para poder hacer otra cosa tranquila. Nunca son cosas demasiado importantes, pero son MIS cosas, MIS momentos.
Qué pasa después de eso? Me siento irremediablemente egoista, mala madre, mujer vana que solo piensa en sí misma y en sus pequeñas necesidades irrelevantes. Para bajar la angustia repaso todas las cosas que hice en el día con él y para él, tratando de llegar a la conclusión de que la balanza está cargada hacia su lado. Claramente no siempre lo logro, no estaría escribiendo estas líneas.
Es, perdonando la palabra, jodido este asunto. Porque tampoco quiero anularme, ya siento a veces que estoy como perdida, sumergida en las profundidades de la maternidad, olvidando que también soy una persona, una persona aparte de mi hijo. No sólo mi tiempo y energía están abocados a él, también mi ser, mi esencia. Queda poco de mí. Yo que siempre defendí mi espacio contra viento y marea, de parejas, amigos y actividades varias, siempre hubo tiempo, y necesidad, de estar sola conmigo misma. Ahora estoy totalmente entregada a otro.
Quizás esos pequeños momentos de egoismo, son rebeldías, una resistencia a desaparecer por completo. Una fuerza interna inconsciente que lucha por mantener a flote algo de la persona que fui y que de alguna forma es necesario cuidar.
Tampoco quiero victimizarme, soy afortunada porque tengo mucha ayuda que me permite cierta libertad para salir y hacer mis actividades sin problemas. Pero la entrega va más allá de cuántas horas al día le dedico, es más profundo que eso.
Me asustan las ganas y la soltura con que salgo y lo dejo a cargo de alguien más. Alguien de confianza y con todas las cosas que pudiera necesitar, pero las salidas se vuelven más frecuentes, más largas y más disfrutadas.
A lo mejor sólo necesito encontrarme, necesito sentir que queda algo de la persona que soy y esas salidas las veo como la fuente donde me podré encontrar, porque me siento desaparecida.
Soy demasiado egoista o sólo estoy tratando de rescatarme?